Infierno blanco (the Grey) de Joe Carnahan

Infierno blanco (The Grey), de Joe Carnahan
“Un Jedi en la nieve”

Una imagen vale más que mil palabras. Premisa que no le hubiera ido nada mal a esta interesante y arriesgada propuesta de aventuras existencialistas. Porque imágenes tiene, rotundas y poderosas, pero le sobran palabras y, en algunas ocasiones, casi demasiadas, no están muy bien escogidas.

Es en el primer cuarto de película donde encontramos todas sus virtudes, la presentación de los personajes, el accidente de avión, las primeras apariciones de los lobos. A partir de ahí el ritmo va decayendo aunque el metraje está salpicado de alguna que otra escena bastante apreciable, como toda la peripecia del precipicio.

Nos ofrece un principio muy sugerente a modo de western, con la llegada a un bar de un lacónico Liam Neeson, como quien llega al típico saloon poblado de la calaña más baja del lugar. La forma en la que bebe sus chupitos, con esa mirada perdida, parece reflejar su propia tragedia personal en la vida real. Un encadenado de imágenes aparentemente desordenadas sirven para crear la atmósfera que se respirará durante toda la película. Atmósfera que se va perdiendo durante la parte central para luego ser recuperada en los minutos finales. Y la razón de esa pérdida son las palabras antes mencionadas, unos diálogos alargados y demasiado manidos que hacen que por momentos te apartes y seas consciente de que estás en una cálida y confortable sala de cine.

Los personajes son puros estereotipos y la verbalización explícita de sus anhelos y arrepentimientos, en vez de diferenciarlos, los hace aún más estereotipados si cabe. Por momentos parece haber solo tres personajes: Ottwald (Liam Neeson); Díaz (Frank Grillo), el único que lleva la contraria, y el resto del grupo, que se comporta como un todo sin demasiada personalidad. Una lástima, ya que da la sensación de que los actores escogidos podrían haber dado mucho más de sí. Si suponemos que son gente dura, golpeada por la vida, a la que no le ha quedado más opción que acabar haciendo un trabajo extremo en tierras inhóspitas, no hay suficiente rivalidad entre ellos y Liam Neeson se proclama con demasiada facilidad líder de los supervivientes. Eso sí, tiene carisma de sobra para hacerlo, pero se echa en falta un poco más de tensión entre los personajes.

Son evidentes sus nada sutiles paralelismos religiosos. Los personajes son sometidos a un vía crucis en el que con sus acciones podrán redimir de alguna manera sus pecados. Pero en esta aventura catártica sobra filosofía barata, no hace falta subrayar una y otra vez el sufrimiento de estas almas descarriadas condenadas a un trágico destino.

Destaca Liam Neeson, un actor todoterreno que últimamente parece embarcarse en todo lo que le proponen. Este consigue llevar con dignidad casi todo el peso de la película. Su presencia le da un valor añadido a todo el conjunto y no se puede negar que consigue salvar algún que otro monólogo un poco sonrojante. Recordemos que ya lo había hecho anteriormente en La amenaza fantasma de Star Wars, donde nos ofrecía al mejor Jedi de la saga.

Mención aparte merecen los lobos “casi mitológicos”, como le he oído decir a Neeson en una de sus entrevistas promocionales. Sus apariciones están bien medidas y dosificadas, si bien en algunos momentos se nota su digitalización. Consiguen ser más temibles cuando se sugiere su presencia, aunque algunos de sus aullidos son más propios de un felino de proporciones descomunales, exageración que no entona con el carácter contenido del resto de la propuesta. Atentos a la escena de los vahos en la lejanía, en uno de esos momentos de aullidos a coro, bonita y escalofriante. Esa sugerida presencia de la manada, dotada de una personalidad vengativa, ejerce una saludable tensión que hace que le prestes atención a cada rincón de la pantalla por si de repente le da por aparecer a una de esas bestias.

En definitiva, si en el apartado visual la película consigue esa sobriedad sin concesiones que necesita la historia, no lo logra, en cambio, en el retrato de personajes. A pesar de eso, nos encontramos ante una cinta de supervivencia atípica, que se centra mucho más en la parte introspectiva que en la de acción. Hay que agradecerle su honestidad y coherencia, ya que no se traiciona a sí misma en ningún momento, como queda claro en la escena final, casi un suicidio comercial, acostumbrados como estamos a finales con demasiada cara y ojos. Este desenlace y una promoción engañosa pueden hacer que muchos espectadores salgan con una sensación de coitus interruptus, que flaco favor le hará a su permanencia en las salas.

Como curiosidad, al ver la escena final se me antoja un “y si…” con la posibilidad de un Neeson caracterizado de Lobezno en vez del apuesto y demasiado simpático Huhg Jackman. Ahí lo dejo.
¡Ah! Y no se vayan de la sala hasta que acaben los títulos de crédito…

El Cinefoide

Wikipedia Liam Neeson
Wikipedia Joe Carnahan
Web Oficial

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Una respuesta a Infierno blanco (the Grey) de Joe Carnahan

  1. Ciutada K dijo:

    ¡Vaja! jo vaig estar dubtant si anar-la a veure, alguna cosa em repel·lia: massa facilona, simple… massa crispetaire, vamos! Però a jutjar per les seves paraules ‘alguna cosa’ en podem salvar, no? Me l’apunto a la llista per a recuperar-la… M’agraden les seves crítiques!

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